El análisis grafológico de la reina Isabel I de Inglaterra se comprenderá mejor tras una breve biografía.
Isabel I (: Elizabeth I)
Conocida como La Reina Virgen, Gloriana o La Buena Reina Bess, 1533 –Richmond ,24 de marzo de1603).
Fue reina de Inglaterra e Irlanda desde el 17 de noviembre de1558 hasta el día de su muerte.
Isabel fue la quinta y última monarca de la Dinastia Tudor .
Hija de Enrique VIII, nació como princesa, pero su madre, Ana Bolena, fue ejecutada cuando ella tenía tres años, con lo que Isabel fue declarada hija ilegítima.
Sin embargo, tras la muerte de sus hermanos Eduardo VI y María I, Isabel asumió el trono.
Una de las primeras medidas que tomó fue establecer una iglesia protestante independiente de Roma.
Luego evolucionaría en la actual Iglesia de Inglaterra, de la que se convirtió en la máxima autoridad.
Se esperaba que Isabel contrajera matrimonio, pero pese a varias peticiones del Parlamento, nunca lo hizo.
La reina se hizo cargo de un país dividido por cuestiones religiosas en la segunda mitad del siglo XVI.
Durante su reinado, Inglaterra tuvo un gran esplendor cultural.
Mantuvo gélidas relaciones con Felipe II, con quien libró una guerra que arruinó económicamente a ambos países.
Su reinado de 44 años y 127 días ha sido el quinto más largo de la historia inglesa, por detrás de los de Victoria I el II, Jorge III yEduardo III de Inglaterra.
ANLISIS GRAFOLÓGICO DE LA REINA ISABEL I DE INGLATERRA.
Hemos de comprender que a pesar de la cultura más que demostrada de nuestra monarca, hacerse con soltura con el útil no era tarea fácil.
Los temblores denotan la preocupación por mostrar a sus súbditos una caligrafía clara, sobria y soberana.
Mas supo arreglárselas ella sola bastante bien durante su mandato y en este caso también se busca las mañas.
Llama la atención la ausencia de reenganches y la finura del trazo general.
También pone sumo cuidado en la legibilidad de su identidad poniendo cada letra en su sitio y por separado.
No es participe de analizar las cosas en conjunto prefiriendo desglosar los problemas para después darles solución.
Las rúbricas que acompañan la firma reafirman su pompa pero no la empañan.
Queda claro que el núcleo central de la atención recae sobre “Su Majestad” y hay que quitarse elegantemente de en medio para dejarle el paso libre.