Compaginación de caracteres.

Nunca terminamos de estar totalmente seguros de conocernos a nosotros mismos en toda su magnitud, a veces creemos que sí,  pero

¿Podemos poner al 100% toda la carne en el asador al respecto?

Si ya es un auténtico galimatías ser conscientes de nuestro propio comportamiento, debiendo dar de cuando en cuando un serio parón y auto cuestionarnos en cada área con seriedad y responsabilidad.

Ni que decir tiene lo que supone meternos en la piel de otra persona.

Existe la creencia de que somos infalibles a la hora de hacer un juicio exacto de aquellos con los que vivimos.

Desgraciadamente, la experiencia nos enseñó a que nos equivocamos con más facilidad de la que deseásemos.

Sabemos que muchos suicidas no nos dieron pistas aparentes antes de dar tan definitivo paso.

Frecuentemente se me explica por parte de muchas personas que según con el pie con el que se levantan esa mañana, así escriben. ¡Claro! Hay tantos componentes diferentes que nos condicionan.

Por eso el hecho de ver los cambios escriturales, de perderle el miedo a nuestra “mala letra” y sobre todo el de adquirir conocimientos fehacientes sobre las bondades que la grafología nos ofrece, no debería de caer en saco roto.

Si un análisis personalizado es altamente interesante, un análisis de compaginación de caracteres se convierte en todo un arte.

Por alguna extraña razón, al ser humano nos encanta pelearnos por cualquier nadería.

Ni los mediadores de familia, ni Amnistía Internacional, ni siquiera la mismísima ONU son capaces de arreglar lo que cada vez parece tornarse más irremediable.

Huelgan los “bla, bla, bla” sin fundamentos éticos.

Acercar la Grafología al conocimiento de uno mismo es una meta, que en mi caso, se me hace infinitamente más loable que la del conocimiento de los demás.

Al vivir en un planeta social, es indispensable manejar ambas facetas, eso está claro, pero no podemos ayudar a nadie sin primero echarnos un cable a nosotros de corazón.

Quizás en un principio eso de la “compaginación” nos suene a la pareja, a si su cercanía resultará o no beneficiosa y si esta relación prosperará.

Ello no debería extraviarnos ante un elenco de posibilidades muy diverso, padres-hijos, maestros-pupilos, obrero-jefe, vecinos…etc.

Todo es válido en el mejoramiento de la convivencia diaria.

A través de una serie de datos manejados dentro de esta disciplina, podemos valorar de forma asombrosa el entendimiento de los distintos perfiles psicológicos y sus consecuencias.


Los celos en la escritura.

Son una respuesta emocional compleja y perturbadora que surge cuando un sujeto percibe determinada amenaza hacia algo u alguien que considera como propio.

Ante la posibilidad de que la persona amada les preste atención, surgirán efectos oscuros que puede llevarlo a sentir envidia hacia el éxito de tal.

Nadie está exento de caer en sus redes, estando presente en todo tipo de individuos incluyendo a aquellos que parecían seguros de sí.

Por otro lado, están aquellos que son conscientes de su problema y sienten vergüenza de atesorar esos sentimientos.

A todos nos gusta ser escogidos y
amados pues nos causa gran satisfacción.

El auténtico amor eleva y cuando se
nos excluye y abandona, surge un gran sufrimiento.

La persona puede finalmente
reacomodar la situación de desamparo y volver a la carga con el tiempo y darse
una nueva oportunidad.

Pero hay desgraciadamente demasiados casos en los que
esto no es así y quedan secuelas emocionales de difícil solución.

El hecho de
tratar este tema desde la juventud, previene futuros dramas personales.

Si en toda situación diaria los fantasmas de los celos aparecen más de lo que deseásemos, es imprescindible buscar el asesoramiento de un especialista.

Tendrá que reconocer que es prácticamente imposible convivir con alguien que no cesa de desconfiar de todos y cada uno de nuestros actos.

La falta de autoestima suele estar ligada a esta conducta de acaparación.

Si consigue hallar las armas adecuadas para combatirlas, tendrá la batalla prácticamente ganada.


           


LOS CELOS POR LA LETRA.

    • Predominio del ángulo. (Ira).

    • Rúbrica en zig-zag. (Ira no controlada)

    • Mezcla minúsculas y minúsculas donde no corresponden. (Lo tuyo es

      mío y lo mío también).

    • Barra de “t” hacia abajo. (Terquedad y tozudez)

    • Inclinación tumbada. (Exceso de apasionamiento)

    • Letra filiforme. (Ocultación de intenciones)

    • Letra empequeñecida. (Sentimiento de inferioridad)

  • Barras “t” en maza. (Brutalidad)