Está demostrado que a cada uno de nosotros nos gusta que se respete nuestro espacio íntimo.
Cuando se rebasa el entorno de unos 30 centímetros alrededor de nosotros, especialmente si se hace agresivamente, sufrimos de ansiedad e incluso cólera.
Al coger un papel en blanco ocurre prácticamente lo mismo.
Imagínense que reciben una carta en donde las líneas se cruzan, las letras se montan las unas sobre las otras, no hay espacio alguno entre palabras…
¿Qué pensarían entonces?
Pues hay dos opciones.
O bien esa persona carece de estudios primarios completos o hay una desviación social en él que le hace funcionar anárquicamente.
Ya en el parvulario se nos enseña a construir las letras para que vayan dando lugar a palabras, para seguidamente dar paso al renglón.
Es un proceso minucioso que va siendo observado por un especialista en el tema.
Comprendiendo esto, podemos hacernos idea del perfil psicológico de un sujeto analizando sus espaciamientos.
El espacio peripersonal o vital nos dá indicadores muy certeros en cuanto es el espacio que se necesita para no sentirnos acosados y agobiados.
Mucho espacio dentro de la hoja. Demasiada necesidad de aire a su alrededor.
También pueden existir determinados escrúpulos sociales a la hora de ser tocado, besado o manipulado de cualquier manera.
Espacio satisfactorio.
Buena disposición con el contacto ajeno buscando siempre la justa medida.
Espacio condensado.
Aquí existe una clara muestra de invasión al prójimo pudiendo molestar impunemente.
Es lo que popularmente llamamos el cotilla del barrio.
Quienes sufren síntomas de ansiedad, necesitan aún más de su espacio íntimo, un entorno de 20 a 40 centímetros alrededor de su cara.
Sin embargo, un dato curioso que arrojó el experimento, es que quienes sufren síntomas de ansiedad, necesitan aún más espacio