En grafología, para cualquier individuo es absolutamente necesaria la confianza mutua entre terapeuta y paciente sabiendo que la confidencialidad que lo llevó a pedir esa ayuda adicional, no será defraudada.
En grafología, tanto las líneas como las letras o palabras necesitan un espacio coherente para no invadirse unas con las otras. Sucede lo mismo con nuestra intimidad.
A nadie le apetece que existan intromisiones de terceras personas a las que nadie les pidió ningún tipo de opinión.

El grafólogo tiene el deber de proteger como confidencial cualquier documento e información que pueda ayudar a restablecer el equilibrio emocional del paciente.
La intimidad se pudiera resumir como una zona reservada que en psicología por ejemplo, necesita recoger muchos datos pasados del uno hacia el otro sobre todo verbalmente.
La grafología trabaja esto mismo de una forma diferente y que no necesita tanta charla entrambos sujetos porque una batería de escritos y documentos ya les ahorran ese mal trago.
En grafología sabemos que no todo el mundo es capaz de expresar su mundo interno de manera locuaz.
Cuando un paciente pone su letra en nuestras manos, lo menos que podemos hacer es respetarle por la enorme valentía de dar un paso así.
En definitiva está buscando salidas a problemas encallados en su psique y pisotear esto es de todo menos ético.

Y por supuesto, es básico que nuestro personal sistema de creencias quede absolutamente al margen de lo que veamos a través de la escritura que tenemos delante.
Nuestro deber es aplicar la grafología para sacar datos a la superficie que después un psicoanalista pueda valorar, nada más.
Si que es cierto que se nos suele preguntar acerca de lo que sacamos en conclusión cuando realizamos un análisis grafológico y estamos en nuestro derecho a explicárselo.
Siempre que dejemos claro de antemano que hay otros profesionales dispuestos a rematar la faena, esto no debe suponer un conflicto.
En realidad deberíamos de tener más cultura psicoanalítica social para aprender a gestionar problemas menores. La grafología es ideal para esto.
No hay nada más lamentable para nuestro propio prestigio sentir que uno ha sido ridiculizado y traicionado por aquel en el cual confió en algún momento.
Lo más peligroso sobre todo es que tras la pérdida de confianza por arte del paciente difícilmente volverá a revelar información a ningún profesional de la mente y del alma.
En colectivos como la de los presidios, desgraciadamente he topado con «especialistas» que tratan a las personas como a carnaza y así desde luego irán de recaída en recaída sin retomar nunca el proceso de rehabilitación.



