¡¡¡Yo también ejerzo de madre!!!


Desde los tiempos de “Mari Castaña”, la historia ha reaccionado de mil maneras ante la disyuntiva de cuál es la mejor manera de educar a los más pequeños.

Después de cualquier conflicto armado, los ganadores del mismo se tomaban muy en serio el hecho de qué hacer con las criaturas.

Unas veces las separaban de sus familias, otras las usaban como mano de obra gratuita y sin ánimo de parecerles insensible, era frecuente que les arrancasen la vida.

Las cosas no han cambiado demasiado.

A veces pensamos que nuestra forma de entenderlas es la correcta y cuando caemos finalmente del burro, podemos comprender lo muy equivocados que estábamos.

En estos momentos estoy asistiendo a unas jornadas de educación familiar impartidas por la psicóloga Carmen Franco.

Si observan la foto que acompaña este post, mis hijas tienen unas edades lo suficientemente adultas como para preocuparme a título personal por esa etapa de su formación.

Sin embargo y dado lo que acontece hoy por hoy, me atrae la idea de asistir como observadora de estos “nuevos papás” y comparar que es lo que ha cambiado desde entonces.

Lo primero que siempre les digo a quienes se acercan a la Grafoterapia con el fin de corregir determinados comportamientos infantiles.

 Esta herramienta es un añadido más para agilizar los resultados positivos.

La familia es el núcleo más pequeño del escalafón social y no hay que estudiar una carrera universitaria para llegar a esta conclusión.

Cuando decimos amar a nuestros hijos, hemos de preguntarnos primero a nosotros mismos si nos respetamos lo suficiente.

Nuestros propios padres y anteriormente los suyos, tomaron prestados comportamientos erróneos.

Se han perpetuado hasta la fecha convirtiéndonos en víctimas del mimetismo mecánico.

No tenemos en nuestra mano la posibilidad de cambiar a nadie si ese alguien no es uno mismo.

Cierto es que los hábitos familiares van a hacer mella en el comportamiento del niño en lo sucesivo pero no necesariamente han de pensar como nosotros.

No son una propiedad privada.

Nadie nos dio a los padres un manual de instrucciones para no naufragar en el intento pero vale la pena que entre todos lo construyamos para que este mundo no se convierta en una torre de Babel.

La pregunta en cuestión consistiría en analizar con nuestro compañero de andanzas el motivo principal que nos llevó a formar una familia.

si nuestras expectativas se han ido cumpliendo…perfecto.

Los niños con el tiempo dejan de serlo y no nos debería extrañar que nos den también excelentes lecciones acerca de nuestros errores.

Todos estamos transitando un camino demasiado empedrado y lo más hermoso sería atravesarlo juntos pero no revueltos.

No informarse de todas las ventajas que podemos adaptar al entorno inmediato sería imperdonable.

Nunca dispusimos de tantísimo acceso a libros y programas didácticos que nos vendrían como anillo al dedo. ¿Por qué no hacer uso de ellos?