La palabra emoticone es un neologismo de las palabras emotion e icon (emoción e icono) del inglés.
Actualmente ha pasado a formar parte de nuestro vocabulario habitual al usarse en las redes sociales por cada vez más individuos.
¿A quién no le ha sucedido en alguna ocasión al estar chateando con alguien que el contenido del mensaje termine siendo malinterpretado por el otro?
Y es que dentro de las conversaciones virtuales no podemos interactuar por medio de los gestos y del movimiento del cuerpo en general.
Dentro de cualquier conversación se aportan datos que apoyan lo que decimos con tan sólo un rápido golpe de vista.
Aparte de compensar todo lo que el lenguaje no verbal ofrece, hacen parte de la economía de la escritura electrónica.
Todos vamos demasiado veloces al trabajo, escuela o donde sea y cualquier pretexto para reducir un tanto por ciento del stress acumulado, nos viene de maravilla.
En el mercado cada vez encontramos más caritas y personajillos que ayudan a que la comprensión de los sms nos deje intuir emociones como las del amor, ira u pena.
También la función de estos símbolos es la de representar la ironía en un enunciado para quitarle carga ofensiva a lo que intentamos transmitir.
Es gracias a las características “humanas” que tienen los smileys que podemos sentirnos más a gusto en una conversación electrónica y cerca, de un modo u otro, de la otra persona.
Otra función importante de los emoticones es la de economizar espacio y tiempo al mandar un mensaje.
Entre la población más joven he podido observar como estos cada vez se suplen por frases enteras combinándolas adecuadamente.
La gracia de este asunto consiste, como en la taquigrafía, de poder poseer la habilidad suficiente para descifrar su significado y la verdad es que es una actividad que hace moverse al cerebro en ambos hemisferios.