La letra «O» (óvalos).

Cuando un pequeñín empieza a investigar la manera de imitar el abecedario, los padres y tutores utilizan los típicos palotes y redondeles para que rellenen sus primeras planillas.

La letra “o” es la reina de los óvalos.

No piensen ustedes que para un niño es tarea fácil realizarla.

Comenzar desde un punto determinado del papel, formar una curvatura adecuada a la muestra y finalizarla en el mismo punto desde la cual la inició, puede convertirse en todo un pasatiempo.

Por el evidente simbolismo que su figura representa, podemos hacernos a la idea de que esta nos habla del ego que cada persona atesora de manera indiscutible.

En su trayectoria, como en una rueda, va pasando por todas las áreas que determinan las personalidades del individuo tanto íntimas como sociales.

Por esto se presta mucha atención al tamaño con la que se la realiza pues este es el indicador de cómo se canalizan los sentimientos, el psiquismo y la manera de tratar a los demás.

Una “o” pequeña, por ejemplo, nos hablaría de alguien tímido, con ciertos temores, a no ser aceptado plenamente y a retraerse dentro de sus propios pensamientos.

Todo estrechamiento en los óvalos de la zona media sin embargo nos alerta de las presiones existenciales que la persona vivencia en su paso por la vida.

Dependiendo de en que parte de la rueda ellos se hacen notar, sabremos algo más para combatir su sensación de fracaso u rechazo en las relaciones.

Lo mismo viene a suceder con las aperturas.

Después de tantos esfuerzos para que nuestras “o” queden perfectamente cerradas, nos encontramos con que años después dejamos lugares abiertos por acá y por allá.

Deberíamos interpretarlo como abertura del ánimo, ausencia de falsedad y espontaneidad.

Al grafólogo le corresponde la tarea de investigar si los blancos aparecen por arriba-abajo, derecha-izquierda con la consiguiente interpretación.



Me gusta siempre recalcar que un solo dato escritural no es determinante para hacer una valoración exacta del analizado.

No es lo mismo encontrarse en un texto con “o” cerradas a cal y canto en una escritura progresiva que en otra regresiva sin ir más lejos.

Pero si podemos dejar constancia del peligro que puede suponerle a cualquiera si hay una excesiva cantidad de blancos dispersos en las “o” .

Una actitud demasiado espontánea a los estímulos y a las influencias provenientes del exterior podría convertirle en pasto seguro para los estafadores.

Sabiendo esto, tendría que armarse de su sentido crítico para no pecar de indiscreción  e ingenuidad.

También suele verse en personas influenciables por las modas tendentes, los noticieros diarios y la publicidad.

Sin embargo, tenga cuidado con no abrir los óvalos por la base.

Igual que las aves empollan sus huevos amorosamente bajo sí mismas y fuera del alcance de las miradas ajenas, así hay ocultamiento de intenciones por parte de la persona y una clara insinceridad de aquellos que así los escriben.

Y no en balde, a las “O” y “o” se les denominan los ojos del alfabeto. Sepamos pues mirar con acierto lo que tratan de mostrarnos.