El análisis grafológico de Pablo Picasso se entenderá mejor tras una breve biografía.



(Málaga 1881- Moulins 1973).

Siendo muy joven viaja a Barcelona donde se empieza a rodear de literatos y de artistas.

Entre 1901 y 1904 alterna su residencia entre Madrid, Barcelona y París siendo esta su entrada en la llamada“época de la pintura azul”.

Tras ir a París en 1905, tiende a llenar su paleta de tonos rosados dando pie a otra nueva etapa de este artista.

En el siguiente año trabaja en “Las damas de Avignón” donde confluyen varias tendencias introduciendo el collage a partir de 1912.

Se casa con la bailarina rusa Olga Koklova el 1919, tiempo en el que se interesa por la escultura.

Tiene relación abierta con otras dos mujeres, Marie Terése y la fotógrafa Dora Maar.

Las tres han de compartir al pintor.

Pero, no obstante conoce a Francoise Gilot con la que tiene dos hijos y se casa por segunda vez con Jacqueline Roque.

Su obra más conocida, el Guernika, es producto de la guerra civil española.

ANÁLISIS GRAFOLÓGICO DE PABLO PICASSO

Lo primerísimo que hay que detectar en este estudio, es que el autor de la firma la ha plasmado con pincel, lo mismo que sus pinturas.

El dato este ya comienza a introducirnos en la extravagante mente del artista al que le encanta por sistema saltarse cualquier tipo de norma establecida.

Bohemio y multifacético disponía de unas cuantas personalidades bajo la manga que sacaba en el momento que mejor le podía convenir.

Avanzado su punto de “i” podemos entender lo original de su obra pues fue un personaje que no podía pensar exactamente igual que el resto de los mortales.

No queriendo decir con esto que sus inclinaciones fuesen exactamente “naturales” cosa que ustedes mismos podrán ver con el descenso de la firma y la excesiva pastosidad de las letras.

Su mundo afectivo se movía entre terribles claroscuros cimentados por un erotismo que no quedaba para nada en ensoñaciones.

Era el pan suyo de cada día.

La “P” principal, con las dimensiones correctas, deja ver como su palote atraviesa el papel hasta los mismísimos submundos.

Deja a un lado palote de la rúbrica  con tal de saciar sus instintos mas bajos.

Pero en su fuero interno, y a pesar de ocultar esto tras una impenetrable máscara, Pablo Picasso no era feliz.

Me atrevo a tal afirmación por tener los trazos sin continuidad, siempre frenado y las torsiones típicas de angustia, al menos, en el momento de firmar aquí.

Author

admin

Leave a Comment

Your email address will not be published. Marked fields are required.